sábado, 4 de julio de 2009

CATALANISMO

¿ES EL CATALANISMO UN FASCISMO? (Antonio Alemany)


En principio, no tiene porqué serlo. El pensamiento y el sentimiento no delinquen. Uno puede sentirse catalán y no español y desear la independencia de Cataluña y la subsunción de Baleares en la “nación catalana”. Es legítimo y, al margen de acuerdos o desacuerdos, nada cabe objetar. El problema surge- o puede surgir- cuando los pensamientos y sentimientos se transmutan en ideología en su acepción de representación de principios y valores, con voluntad totalizadora y operativa en la praxis política de la sociedad y con el objetivo de legitimar estos principios y valores. Dicho con otras palabras y para entendernos: el peligro surge cuando pensamiento y sentimiento de concretan en un proyecto y en una acción política. Es entonces cuando hay que pasar la ideología por el tamiz crítico integrado por los valores dominantes de una cultura y una sociedad. Y es tras este análisis crítico cuando ponderaremos el carácter democrático o antidemocrático, totalitario, autoritario o liberal de una ideología. Esto es lo que se propone respecto del catalanismo, a vuela pluma, este artículo.

Hay una amplia y excelente bibliografía sobre las tipologías totalitarias en el mundo occidental. Desde Trotski y Victor Serge hasta Aron, Bataille, Sturzo, Simone Weil, Hayek, Popper o nuestro Juan Linz hasta llegar a la gran Hannah Arendt que magistralmente abre unas nuevas- y, a mi juicio, definitivas- perspectivas sobre el totalitarismo en dos libros capitales: Los orígenes del totalitarismo y Eichmann en Jerusalén, el primero un auténtico bisturí diseccionador de la etiología y génesis de los totalitarismos y el segundo un escalofriante análisis de la “banalización del mal” como presupuesto explicativo de la instalación del totalitarismo en una sociedad.

Esquemáticamente, se pueden sintetizar los rasgos que definen el fascismo, una indiscutible versión del totalitarismo, en los siguientes términos: a) sacralización de la nación que reclama una cohesión política, social, étnica o lingüística (catalanismo); b) rechazo de los derechos y libertades individuales que se transfieren a la tribu (catalanismo) que se autolegitima para castigar al disidente que no comparta sus principios (catalanismo); c) establecimiento de una neolengua unitaria y uniformadora (catalanismo) y una neohistoria que reescribe la Historia a la búsqueda de un modelo mítico que define la pertenencia gregaria a una tierra, a una lengua, a una cultura (catalanismo); d) un victimismo histórico que precisa de una humillación- la derrota militar de Alemania en la guerra del 14, Felipe V y el decreto de Nueva Planta- para legitimar el nacionalismo totalitario: no puede haber nacionalismo totalitario sin el “otro” como enemigo (catalanismo); e) exaltación de la violencia que se justifica en nombre de los agravios recibidos (catalanismo); y f) como consecuencia de todo ello, inevitable deriva imperialista que aspira a la integración de los vecinos en la unión mística nacionalista (países catalanes).

El encaje de la praxis política del catalanismo balear en estos rasgos definitorios del fascismo resulta tan sorprendente como significativo. Por ejemplo, a) la translación de los derechos y libertades de los ciudadanos a un ente abstracto como es la lengua que es el equivalente de la etnia para el nazismo o el abertzalismo vasco como icono referencial de la nación: los padres y los alumnos no tienen “derecho” a elegir la lengua de la enseñanza, sino que es la lengua- el catalán- la que impone “su” derecho a los ciudadanos; b) fuera del catalanismo no hay salvación posible, ni siquiera para ejercer la medicina: la condición de “buen catalán” deviene conditio sine qua non para acceder al trabajo, para ejercer el comercio o para obtener una subvención pública; c) ningún castellanoparlante exige a un catalanoparlante que hable o escriba en castellano, ni le afea que no utilice una de las lenguas cooficiales: al revés sí ocurre y todos los días; d) el proyecto catalanizador del Govern es un impresionante proyecto totalizador que aspira a conformar a los ciudadanos y a la sociedad en los “valores catalanes” que previamente ha definido la tribu: ninguna parcela de la vida social escapa a esta focalización totalizadora del catalanismo gubernamental; e) todo ciudadano, empresa o entidad será castigada y excluida de las subvenciones públicas si no se expresa en catalán; f) el “buen mallorquín”, devenido “buen catalán”, es título que se adquiere a través de la satanización de España que deberá ser insultada, despreciada y minusvalorada; g) la tribu penetra capilarmente en la enseñanza para formar a los “nuevos catalanes” con un sanedrín, politburó o Consejo Nacional del Movimiento- la Universidad de las Islas Baleares- que garantiza la pureza de la neolengua; h) no se conocen episodios de violencia protagonizados por no catalanistas: las agresiones en la Universidad, el boicot a conferenciantes, las quemas de banderas, las amenazas de muerte a los que defienden las libertades- Círculo Balear, Alcalde de Calviá- proceden exclusivamente del catalanismo que asume la única violencia política existente en nuestras islas; i) la sublimación de la nación catalana son los países catalanes, un Camelot sólo existente en las enfebrecidas mentes catalanistas; y j) la significativa diferencia entre dos manifestaciones, la una- la catalanista- que reclama la imposición de una sola de las lenguas cooficiales, la otra- la convocada por el Círculo Balear- que apuesta por el bilingüismo y la convivencia de las dos lenguas.

Resulta descorazonador que la autonomía tan fervorosamente acogida por la ciudadanía haya servido para consagrar una sociedad cerrada, autista y aherrojada por un catalanismo excluyente, totalitario y antipático que, un día si otro también, o nos riñe o nos insulta o se empeña en hacernos pasar por sus horcas caudinas. O reacciona a tiempo la sociedad civil apostando por la sociedad abierta, tolerante, plural e integradora o acabaremos protagonizando esta “banalización del mal” descrita por Arendt que hizo posibles los monstruos totalitarios. En el fondo lo que late en nuestra actual situación es la vieja cuestión de las sociedades libres: ¿ hay que tolerar, en nombre de la libertad, la intolerancia y a los que propugnan destruir las libertades usando y abusando de la tolerancia liberal? Esto es lo que se debate en la manifestación del sábado.


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